miércoles, 4 de junio de 2008

No pongas el amor a dieta.


NO PONGAS EL AMOR A DIETA

Nuestro cuerpo sabe cuando va bien o mal alimentado. Nunca se equivoca. Y siempre nos lo hace saber. A nuestra alma, que es la esencia de nuestro propio ser, le ocurre exactamente lo mismo. Detecta al instante cuando la estamos alimentando, registra todos los sabores, sabe cuando estamos desganados y sufre cuando le hacemos pasar hambre. Hay una corriente de desganados que insisten en proclamar que los sentimientos son cursiladas, cosas de otras épocas, frenos para la libertad. ¡Pobres desnutridos de alma! Quieren ignorar —no saben lo que se pierden— que en cualquier época de la humanidad nada ha movido más a las personas que el amor. Cuando todo se acaba, cuando ya no queda nada a lo que asirnos, si hay amor tenemos la fuerza para seguir, para respirar, para creer, para ser. El amor es el alimento y la energía del alma.

Al contrario de lo que a veces ocurre con el cuerpo, hay que procurar no tener nunca el alma a dieta, porque está comprobado que cuanto más la alimentamos, más felices somos, y tan poco engorda que incluso nos permite volar. ¿Cuántas calorías por beso recibes en el día?, ¿y por abrazos?, ¿y porque te escuchen?, ¿y porque te consideren?, ¿cuántas veces has sentido que te aman?, ¿cuántas te lo han dicho? Para tener una dieta balanceada y que nuestra alma y todo lo que compone nuestra salud emocional esté siempre en el peso ideal, es necesario seguir una pauta alimenticia diaria. Las tres comidas son básicas. Aquí es contraproducente saltarse una de ellas, pues los efectos se dejan ver a la larga: tristeza, melancolía, aislamiento, falta de energía, de optimismo, de vitalidad a la hora de realizar los trabajos, desánimo...

Existen infinidad de recetas para combinar los ingredientes y que siempre lleguen al paladar de forma exquisita. Para empezar: ¿Qué tal si cada familia inventa la suya? Hay especies que potencian los sabores. Aquí van algunas pequeñas pero efectivas sugerencias, que pueden consumir tanto adultos como niños, sin ningún tipo de riesgo. Siempre que puedas, abraza a quien amas. El exceso de abrazos potencia el sabor de la alegría. Aprende a escuchar de verdad. Da besos a cucharadas. Salpimenta a tus seres queridos diciéndoles que les amas. El aporte calórico que recibes es directamente proporcional a la cantidad de veces que lo dices. Potencia y aplaude sus logros.Verás que nada de esto hace daño y en cambio mejora tu figura... la más importante: la del alma.

ÁNGELA BECERRA

1 comentario:

matilde portalés dijo...

Hola sirenita!!te acabo de poner como favorita en los links de mi blog...acabo de descubrir cómo se hace...así que ya está.Te envío mil amapolas marinas para todos.mmmmmmmmmuà!mati-matilina:-)*