lunes, 23 de marzo de 2009

Vacaciones de primavera (II). A sólo media hora de la gran ciudad.

Cascada del "Salto de la Novia". Navajas (Castellón)





Leyenda del Salto de la Novia
Hace muchos, pero que muchos años, cuando dos novios iban a contraer matrimonio, tenían que someterse a una curiosa ceremonia para demostrar ante todos que se querían de verdad.
Cierto tiempo antes de casarse, debían ir a cierto lugar donde se estrecha el río y allí, ante todos, la novia debía cruzar de un salto a la orilla opuesta. Si lo conseguía, con su salto aseguraba la felicidad para el futuro matrimonio. Pero si no lo lograba, el salto fallido se consideraba un aviso de que el matrimonio sería desgraciado, y de que los novios debían romper su compromiso.
Durante muchos años, esta costumbre debió causar terror entre muchas novias verdaderamente enamoradas, ante el temor de errar el salto o no tener el suficiente valor para intentarlo. Pero un día ya muy lejano, dos novios cuyos nombres ha borrado el tiempo, terminaron trágicamente con esta costumbre.
Habían bajado radiantes de alegría a demostrar ante todos que se querían. Como cada vez la gente esperaba el salto con impaciencia; por fin la novia se dispuso a saltar, tomó impulso perdió pie y cayó al río con tan mala fortuna que se vio envuelta en un potente remolino que allí había y que le llevaba a una muerte segura; al ver esto, el novio se arrojó inmediatamente al río para intentar salvar a su amada, pero por más esfuerzos que hizo en su desesperado intento, se vio envuelto al poco tiempo en el remolino e instantes después desaparecían los dos tragados por las aguas. Horas después flotaban estrechamente unidos los cadáveres de aquellos infelices novios.
Y en las noches de luna llena, el murmullo del río parece entonar un canto dulce y triste en el que se lamenta de haber dado muerte a aquellos dos seres que tanto se quisieron.

2 comentarios:

Elio Milay dijo...

No puedo comentar mucho. Ahora tengo los ojos turbios y no veo. Y encima sin pañuelo a mano.

Graciela dijo...

Qué historia tan melancólica!
Yo me quedo con la foto del picnic!
Las canastas, las frutas, todo preparado para un día de ocio,y tan cerca de la ciudad!
Uno debería obligarse a realizar estas "escapadas" frecuentemente.
A sólo unos kilómeros la vida es otra y los ruidos desaparecen.
Me alegro de que puedas disfrutarlo!!!! Eres una fiel adepta al slow movement. Yo lo intento e verdad, pero me cuesta!