jueves, 12 de noviembre de 2009

El Viaje - Cuento.

Cuento basado en "Los nueve peldaños" (Anne y Daniel Meurois-Givaudan)

EL VIAJE

Cuento

PRIMERA JORNADA

Hace ya mucho que no me preocupa mi aspecto físico. Sólo recuerdo vagamente el cuerpo que cuidé y alimenté un día. En realidad, hoy no me queda nada que se parezca a un cuerpo. Mi cuerpo existe ya sólo en mi memoria, si es que acaso estos recuerdos y sensaciones inconexas pueden conformar una auténtica memoria. Sólo SOY. Nada más.

Intento definir este estado mío actual y me es casi imposible. Soy una especie de voluntad que vaga entre espacios infinitos; una voluntad que percibo rodeada de un halo luminoso. Sólo eso. A veces, tras un intenso esfuerzo, recuerdo casi con dolor un cuerpo pesado y torpe. Un cuerpo femenino, creo. Y, sólo a veces, me llegan imágenes que poco a poco se difuminan y acaban por diluirse en este espacio amable pero desconocido que me rodea. Escenas que poco a poco se me escapan y yo intento retener desesperadamente, porque sólo ellas me atan ya a lo que llamé “vida” un día. En una insistente imagen en blanco y negro veo ese cuerpo de mujer que identifico como mío. Lo observo desde lejos, desde arriba. A su alrededor, todo transcurre con una lentitud exasperante. Seres que deambulan sin rumbo, sumidos en una tristeza amarga, profunda. En relieve veo, entonces, gotas de sangre de un rojo intenso, que se convierten en densos ríos de angustia y desesperación bajo mis pies. Yo me limito a observar,impotente, y no entiendo... La tristeza forma parte de mi propio ser y me vuelve pesada, quiero irme, dejar de pertenecer a una patética escena a la que no puedo encontrar salida. Y al fin lo consigo, rompo las cadenas que esos llantos han tejido a mi alrededor y vuelo lejos... ligera... y, sin mirar atrás, me adentro en espacios sin sombras, espirales que se suceden mostrándome colores nunca imaginados, matices delicados que me envuelven y me arrastran, remolinos que me abrazan maternalmente y a los que me abandono sin pensar ya, sin sentir, sólo me entrego, me entrego...

SEGUNDA JORNADA

Aquí soy como un grano de arena en una playa inmensa. Pero sé que esta playa es sólo un decorado que mi alma ha creado. Aún me quedan recuerdos que me resisto a abandonar. Recuerdo una playa luminosa. Y el mar, con su vaivén despreocupado. Ciertas imágenes son tan claras, tan poderosas, que siento que forman parte de mí. También recuerdo el sabor a mar de las lágrimas, el tremendo peso de los cuerpos, el dolor agudo de una pérdida, la angustia de una larga espera, estrangulando la garganta.Y el calor del sol, la suavidad de una caricia, y la tibieza de un niño en mis brazos, su olor tan limpio, sus manitas, su llanto...

TERCERA JORNADA

He vuelto a dormir un sueño largo y profundo. No sé cuánto tiempo ha pasado. ¿Acaso existe aquí el tiempo? Al despertar en este mundo de paz absoluta he sabido con certeza que no voy a permanecer en él mucho más. Ahora, esta paz que observo desde fuera, ya no está en mí. Hay algo que me empuja a salir de aquí. A la vez un temor, una obligación ineludible y una atracción más fuerte que mi propia voluntad que no puedo explicar. Hoy tengo la energía y el entusiasmo necesario para reconstruir, para volver a empezar. Es hermoso: cada vez que me reafirmo en mi deseo, esta playa que habito se llena de una luz aún más densa, más cálida, y los recuerdos más bellos se agolpan en mi memoria. Una energía más poderosa que yo, que todo, me empuja anulando cualquier resto de voluntad. Hoy, al fin, la decisión está tomada: renaceré.

CUARTA JORNADA

Acabo de despertar de otro largo y extraño sueño, un viaje de retorno esta vez, en el que los rasgos de un rostro, como aletargados, me han ido llegando uno tras otro. Al despertar, hace unos instantes, el rompecabezas ha encontrado su unidad y he visto ante mí primero el rostro, luego el cuerpo entero de una mujer muy joven. No puedo alejarme de ella. Su vientre emite un resplandor del que no puedo escapar. Reconozco cada uno de sus rasgos. Es ella.

QUINTA JORNADA

Desde aquel día en que vi por primera vez a la que hoy reconozco como mi madre, la he visitado continuamente. Me siento feliz cuando permanezco en su resplandor. Es dulce, agradable. En la danza sosegada y luminosa que emite su cuerpo, atraen mi atención especialmente unos destellos alrededor de su vientre. No sé si proceden de su propio cuerpo o si éste los atrae de algún misterioso lugar ajeno a ella.

SEXTA JORNADA

Por fin conozco la razón de ser de esos destellos que se arremolinan alrededor del cuerpo de mi madre. Están fabricando el molde en el que creceré. Nunca lo hubiera sabido si hoy no hubiera entrado, por primera vez, en mi nuevo cuerpo. No sé cómo ha sucedido. He sentido la necesidad apremiante de estar en presencia de mi madre, de estar dentro de ella. Me he acercado tanto, que de pronto me he sentido como aspirada. Mi primera sensación ha sido de náuseas, de ahogo. El inmenso ser con el que me identifico ha sido capaz, milagrosamente, de ocupar un espacio minúsculo. Allí dentro he oído sus latidos, su respiración. Y de nuevo he recordado el mar, ahora tempestuoso, sobrecogedor, bellísimo.

SÉPTIMA JORNADA

Mi cuerpo sigue creciendo. Hoy he recibido la llamada de mi madre en mitad de uno de sus sueños. Cuando he acudido, la he sentido como una hermana, como una amiga. Como tal me ha hablado. Teme a la muerte, la suya y la mía. Pero ¿qué es aquí, allí, la muerte? Sólo lo que espera en la otra orilla, la desconocida. Yo misma, muy pronto partiré, moriré en este lado para llegar a tu vida. También yo tengo miedo. Todo va tan deprisa... ¿Recordaré allí todo lo que sé ahora? No debo olvidar aquel primer vuelo, libre ya de ataduras, de sufrimiento, que me arrastró suavemente hacia espacios luminosos ; y luego la paz absoluta que yo decidí romper movida por no sé qué fuerza poderosísima. La decisión, por fin, de volver para llevar a cabo una tarea. Esta vez con la convicción de que mi alma encierra una sabiduría infinita que sólo necesito recordar, una conciencia que debo mantener despierta.

OCTAVA JORNADA

Hoy mi madre ha resbalado y se ha caído, arrastrando con ella ese cuerpecito, el mío, que todavía forma parte de ella. Está asustada. También mi corazón se ha sobresaltado. Hoy más que nunca tengo la sensación de poseer un corazón que late y se acelera. Mi madre ha hallado el modo de tranquilizarme. Como siempre, ha posado sus manos sobre su vientre y lo ha acariciado. Ha cerrado los ojos y me ha imaginado bajo su propia carne. Y por algún extraño milagro, al notar mis pies y mis puños golpeándole las entrañas, se ha sentido protegida. Mi presencia la hace fuerte, igual que ella me fortalece a mí. Con los ojos cerrados, en silencio, ha empezado a buscarme un nombre. Yo se lo he susurrado, y su sonrisa me ha dicho que me ha escuchado. Ahora la veo feliz; canturrea mientras pinta diminutos corazones, lunas y estrellas en mi cuna. Hay tanto amor en cada pincelada que querría precipitar mi llegada, acurrucarme ya en sus brazos, dejarme mecer por ella. Intento calmar mi ansiedad y sólo consigo que, de pronto, en torrente, me lleguen los recuerdos de cada una de mis heridas, cada escena dolorosa del pasado que no quiero repetir, tantos errores que no supe corregir a tiempo, el dolor que causé. ¿Cómo decir a mi madre que el alma que acoge no es virgen, que es una memoria viva? La redondez de su vientre me devuelve al mundo en el que ella respira, se mueve. Es tan joven... Sigue canturreando mientras espera mi llegada. Pronto verás, madre, que no estás fabricando algo que va a pertenecerte. Llegaré a través de ti, sencillamente.

NOVENA JORNADA

-El nacimiento-

Ya queda muy poco. He sido durante largos días y noches un complicado universo en formación, una fabulosa sinfonía imposible de describir. Sé que se acerca el momento de la partida, de la llegada... El vientre que tan celosamente me ha guardado se sobresalta una y otra vez. Oigo voces nerviosas allá afuera. Y distingo su voz. La de la mujer que me ha hablado, que me ha cantado. Creo que desciendo...¿o asciendo? Aquellas espirales de luz tan familiares, me llevan ahora hacia ella. Yo confío, una vez más, y me dejo arrastrar. Todo fluye a mi alrededor. Sé que lo llevo todo conmigo: Cientos de existencias acumuladas en mi alma. Vengo con una misión. Debo recordarla. Confío. Es hermoso volver, y sin embargo... Ahora me ahogo, siento un vértigo, una luz me ciega. ¡Tengo frío, tengo hambre! Necesito sus manos, su pecho... ¿Me imaginabas así, madre? No debo distraerme, no debo olvidar de dónde vengo. Pero ha sido un largo viaje, y estoy tan cansada...Creo que me duermo, me duermo...

FIN DEL VIAJE – EL COMIENZO