martes, 8 de diciembre de 2009

Slowly...


"I used to believe that we must choose between science and reason on one hand, and spirituality on the other, in how we lead our lives. Now I consider this a false choice. We can recover the sense of sacredness, not just in science, but in perhaps every area of life."

“Yo solía pensar que debemos elegir entre ciencia y razón por un lado, y espiritualidad por otro a la hora de encauzar nuestras vidas. Ahora pienso que ésa es una elección equivocada. Podemos recuperar el sentido de lo sagrado, no sólo en la ciencia, sino quizá en cada área de la vida.”

Larry Dossey, M.D. Reinventing Medicine”

En cierta ocasión escuché hablar a unos compañeros de trabajo sobre una corriente de pensamiento muy actual y que se engloba bajo la denominación de “Decrecimiento”. Entre mis intereses fundamentales no se encuentran precisamente los números, ni nada que tenga que ver con ellos. Por lo tanto, los temas económicos no suelen ocupar más que una parte mínima e imprescindible de mi tiempo, dado que soy una madre que trabaja y contribuye así a sostener –no sólo en términos económicos, por supuesto- un hogar.

Pero aquello del “Decrecimiento” llamó poderosamente mi atención. Escuché, y así me enteré de que esta corriente aboga por la disminución de la producción económica con el objetivo de restablecer el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y reducir las desigualdades entre las personas. Esta solución, aparentemente drástica y contraria a los principios que han guiado la economía mundial – es decir, contraria al crecimiento constante como creador de riqueza – se explica por el convencimiento de que los niveles actuales de producción económica no permiten la conservación de medio ambiente ni hacen más felices a los seres humanos, ni tampoco mitigan las desigualdades entre ellos. Al fin, no existe el desarrollo sostenible posible, es decir, no se puede seguir creciendo de modo no perjudicial.

Más allá de sus implicaciones macroeconómicas, que a mí personalmente se me escapan, es evidente que esta corriente tiene ciertas aplicaciones directas en nuestra vida diaria. Eso fue precisamente lo que me interesó desde el principio.

¿Podemos ser más felices con menos? ¿A qué renunciamos a cambio de un poder adquisitivo mayor, de una mayor capacidad de consumo?

Esta necesidad de frenar, me recordó a Slow Food, una organización nacida en Bra (Italia) que defiende una vida sin prisas, comenzando por la mesa. Esto incluye dar la debida importancia al placer, al ritmo de las estaciones, a la relación social alrededor de la mesa, a la gastronomía tradicional, a la biodiversidad agroalimentaria...

Posteriormente, e inspirada en Slow Food, ha surgido Slow Cities, una agrupación de pueblos y ciudades con el compromiso de incrementar la calidad de vida de sus ciudadanos a través de políticas de infraestructuras respetuosas con las características de la localidad y que promueven la sociabilidad, los negocios artesanales y el respeto por el medio natural.

Alimentado por la energía de estas asociaciones, se ha estructurado todo un movimiento mundial, llamado Movimiento Slow, cuya filosofía comparto en buena parte. Es urgente reducir el ritmo de vida vertiginoso que llevamos y llegar a cierta calma, que nos permita reflexionar acerca de quienes somos, qué queremos y hacia dónde vamos. Y, sobre todo, disfrutar de los placeres de la vida saboreándolos, y no sólo engulléndolos.

"La clase de educación más eficaz es que el niño juegue entre cosas bellas".

“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

“Hoy todo el mundo sufre la enfermedad del tiempo: la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y debes pedalear cada vez más rápido”

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes… Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante.”

“La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo, tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros.”

Carl Honoré (de "Elogio de la lentitud")

http://www.slowmadrid.com/