miércoles, 14 de julio de 2010

El Otro (y melancólico) Yo.


El otro yo

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Éste no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Mario Benedetti

Melancólicas fotografías

de Akasleep


3 comentarios:

Mermaid Lullaby dijo...

Te he dicho que leyeras este cuento (tú, que ya sabes que te hablo a ti) para que recuerdes quién eres tú de verdad. Y para que, a pesar de todo, no mates nunca a ese "Otro Yo", que es el que más me gusta. Aunque a veces duela...

Joy dijo...

Cómo deshacernos de "ése" que nos hace diferentes y sensibles, con capacidad de amar, de sentir la belleza y a los otros...!

Preciosa historia, querida Sirena!

Recibe un beso muy grande, amiga mía.

Graciela dijo...

Creo que dentro de cada uno de nosotros convive un "otro yo", más vulgar o más sensible. Hay gente que reconoce en sí misma sólo una de las facetas.
La cuestión es aceptarnos como somos: una totalidad, capaces de grandes proezas y también, con las limitaciones propias de un ser humano común y corriente.
Como siempre, ilustras todo muy bien: las fotos no podrían ser más "melancólicas".
Un beso sirena! y Gracias por el link a mi nuevo blog, lo valoro mucho.