lunes, 13 de febrero de 2012

La Ley.

Cupido y Psique (1899)
William Bouguereau (1825-1905)

"Los corazoncitos rojos ya lucen por doquier. Anuncian un ciclo de películas románticas en televisión. ¡Llega San Valentín! El Día de los Enamorados. ¡Que romántico! Incluso hay países que extienden la celebración al amor de amigos: es el Día del Amor y la Amistad.

Es cierto que con las campañas actuales de marketing, incluyendo el universo virtual, esta fiesta se populariza y expande por doquier con fines comerciales, pero no demos todo el mérito al Corte Inglés, porque en mis tiempos de colegio recuerdo que todas la niñas, a partir de los 13 años, soñábamos con el día en que nuestro Príncipe Azul nos declarara románticamente su amor y nos lo demostrara con un regalito que fuera la envidia de las compañeras. ¡Que bonito es el amor!

Pero aunque todo cambia, y ya fuimos a la Luna y en pleno auge de la Física cuántica se confirma el “solo sé que no se nada”, en cuestión de las relaciones y el amor de pareja seguimos anclados en el Medievo con las mismas creencias que sostienen los cuentos infantiles, las novelas románticas y las telenovelas. Aunque nos la demos de modernos y avanzados.

Seguimos suspirando por enamorarnos de esa persona maravillosa que nos haga ver la vida de color rosa, las mariposas hagan fiesta en nuestros estómagos, nos llene el vacío interior, acabe con nuestra soledad, adivine como satisfacernos y nos haga felices. ¡Pobrecito el que tenga esa responsabilidad: nuestra vida y felicidad en sus manos!

Hombres y mujeres, y éstas ganan por mayoría, siguen convencidos de que su felicidad en esta vida depende de tener pareja, su alma gemela, su media naranja, ese ser humano sin defectos que le ame, le valore y apoye; que se case para toda la vida, compartiendo espacio, tiempo, bienes, penas y aficiones; coman juntos perdices y sea el padre/madre de sus maravillosos hijos, formando una familia unida y feliz, por siempre jamás.

La desgracia es que Cupido, con eso de tener los ojos vendados, yerre la flecha y no alcance a nadie, o, se equivoque y le de a alguien que se convierta en el monstruo del cuento y nos amargue la vida o… nos mate. En ambos casos, se culpa a la pareja o a la falta de una relación amorosa de nuestro malestar, desgracia, soledad, depresión, falta de autonomía, indecisión y aburrimiento. Y, o nos resignamos a la mala suerte o voluntad del Cielo, pero con amargura y resentimiento; o buscamos afuera, a la desesperada, alguien que nos ame y a quién poder amar. Verdadera misión imposible.

Es hora de soltar esas falsas creencias, que tanto nos dañan, y atrevernos a abrirnos a la verdad: el primer amor no es el enamoramiento de los 15 o 20 años; el primer amor es permanente y nadie te lo puede dar, ni quitar: es el Amor a ti mismo. Conocerte y aceptarte; valorarte y apreciarte; cuidarte; mimarte; respetarte. Ese gran amor es el que puedes compartir con otra persona que también se ama y decidís comprometeros en mirar juntos en la misma dirección. Mientras no te ames a ti mismo, nadie te podrá amar y si no eres ya feliz, nadie te hará feliz. La pareja, la relación amorosa es siempre un reflejo de tu interior: de tu autoestima, valoración, respeto, bienestar, abundancia, libertad, perdón…

Cuando estés bien contigo mismo estando solo, estarás preparado, si así lo deseas, para disfrutar de una buena relación. Nadie puede dar lo que no tiene. Lo que se emite, es lo que se recibirá de vuelta. Date y da amor y atraerás amor. Es la Ley.

No es cierto que se sufra por amor, es imposible, el amor no puede dar sufrimiento, porque el amor es positivo, la mayor fuerza del mundo, la máxima emoción; mientras el sufrimiento es dolor mental y emocional por ignorancia, inconsciencia y falta de aceptación y de perdón.

El amor no es dependencia. El miedo crea el apego. Si amas a otro, dale libertad. No manipules para que sea o haga lo que tú quieras, ocúpate de cuidarte, respetarte, darte y regalarte y también lo hará tu pareja. Y si no es así, ¿por qué sigues con esa persona?

Guía tú la flecha de Cupido. Decide que valores, cualidades, comportamientos, costumbres, aficiones, intereses e incluso aspecto tendría tu pareja ideal y asegúrate que eres y tienes eso que pides. Atraerás la esencia de lo que eres.

Decide ser feliz y vivir plenamente, con independencia de las personas, situaciones y circunstancias de tu vida. Y si tu deseo es compartir tus experiencias de vida y crecimiento con un compañero de viaje, ten por seguro que lo atraerás a tu vida."

Ana Novo

Roca recubierta del alga Padina pavonica en Punta Rasa (Formentera)