martes, 8 de mayo de 2012

La casa del mañana.

La misma ciudad, ahora con nuevos ojos.

Tras un viaje al aeropuerto y un control de seguridad,  después de los casi dos mil kilómetros de vuelo siguientes, de atravesar cien pasillos abarrotados de gente apresurada, de un control interminable de pasaportes, un shuttle a la estación, y un viaje en tren a la famosa Victoria Station, vislumbrar el rostro sonriente de tu hijo entre el gentío anónimo  se convierte en un verdadero milagro. En su mano, la bienvenida de un todavía fragante -a pesar de la espera- bouquet de flores. Y, por fin, el abrazo que hace tantos días y tantas noches que soñabas. Y ahí está. Es él. Su olor no ha cambiado. Lo reconocerías entre miles. El mismo de aquel bebé de manos regordetas, el mismo del niño inquieto que con cinco años se subía a las palmeras, el del adolescente imposible al que nunca venía bien hacer los deberes  o arreglar su cuarto. Y que ahora, según dicen, ya es un hombre. ¿Lo es? Y aducen que ya tiene su vida, y que ahora es él quien me invita a su propia casa. Una casa que descubro escondida en una colina, rodeada de un bosque, a las afueras de esta ciudad gris, brumosa, siempre con las puertas abiertas. La ciudad de Sherlock Holmes, de Oliver Twist, de los Beatles. Esta ciudad verde, en la que el musgo parece que va a crecerte por las piernas apenas te quedas quieta. Una de las capitales del mundo, en la que mi hijo se mueve ya como pez en el agua. Un pececito más que la inmensa mole ha absorbido, y ahora forma parte de su paisaje humano, y es tan parte de ella como el Tower Bridge, el five o´clock tea, o el Buckingham Palace.

Llegué volando, y así pasa también el tiempo. Y las cortas horas de risas, de paseos, de recuerdos, de planes de futuro inmediato, y de sueños lejanos, dan paso, sin poder retener las horas, a otro abrazo: el de la despedida. El corazón, que se ha restaurado en toda su amplitud unos días, siente que va a quedarse de nuevo mudo, cojo, manco. Triste. El gris del cielo londinense parece que lo atrapa de pronto, y lo aprisiona. Y ni siquiera el orgullo por la valentía del hijo, o la promesa del próximo encuentro, es suficiente para consolarlo.

De camino al aeropuerto recuerdo a Khalil Gibran La mano de arquera fue tensada, la flecha lanzada lo más lejos posible. ¿Pensó el Profeta también en el corazón de la madre?
Cede, suelta, ofrece a la vida lo que más quieres. Y confía en que hay una Ley que está por encima de tristezas, dudas y miedos. Todo irá bien. Seguro.

 La bienvenida.

La casa de la colina.

La vecina.

El jardín.

El Hogar.

Por la puerta de atrás.

La mascota.

El trabajo.

He´s there.

Su paisaje de cada día.

Hampton Court. La visita al castillo.

Como un cuadro de Monet.

Día de la Madre.

Notting Hill.

Especias en Portobello.


El camino a casa.

Le falta el sol.

 Té de menta, chocolate caliente y shisha de frutas en el Soho.

Un largo camino por delante.

"Viviré junto al Támesis."
(No me cabe la menor duda)



Tus hijos no son tus hijos, son hijos
e hijas de la vida, ávida de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo, no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar, ni siquiera en sueños.
Puedes anhelar ser como ellos, pero
no procures hacerlos semejantes a ti,
porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco a través del cual tus hijos,
como flechas vivas, son lanzados a la vida.
Deja que la tensión en tu mano
de arquero sea para la felicidad.



Kahlil Gibran, “El Profeta”



19 comentarios:

inma valderas dijo...

Vaya...me he quedado con el corazón encogido. En estos días hemos estado hablado de estudios, posibles caminos, de futuro...de tensar el arco.
Lo has contado de manera que he podido "sentir" lo que será.

Puedes estar muy, muy orgullosa de lo lejos que ha llegado la flecha que lanzaste y de que su felicidad se debe en parte a la tensión en tu mano de arquera (y madre).

Un abrazo

Mermaid Lullaby dijo...

Gracias Inma. Sí que estoy muy orgullosa. No sé hasta qué punto el mérito es del arquero o de la flecha. En parte de ambos, supongo. Lo que de verdad importa, como tú bien dices, es que la flecha vuela feliz.
Otro abrazo para ti.

Graciela dijo...

Me encantó el relato, las fotos, todo!!! pero además...No puedes imaginar CUÁNTO te comprendo.
Mientras tú visitabas a tu hijo, yo andaba en mi travesía artística en NYC. "Mi" músico (mal que le pese a K. Gibran a quien leía con devoción en mi juventud y me sabía ese texto de memoria)también anda con proyectos que lo alejan de casa, ya te contaré. No podemos cortarles las alas. Ahora mismo tú ves a Londres con otra mirada y la sientes gris pero más cercana.
Me alegro que al menos no te queda tan lejos, en relación a lo que a mí me toca.
Te mando un beso y abrazo fraternal!

María José dijo...

Hace ya tanto tiempo que llevo siguiéndote que no sabría decirte que me gusta más, si los poemas, las fotos, los dibujos, la música que seleccionas y tanto me acompaña en mis horas de costura, tus recetas de cocina vegetariana. Pero la verdad que nunca me había llegado nada tanto como este poema y el texto escrito por ti. Supongo que como madre me siento muy identificada en él y cuando pienso en el futuro tan incierto de mis hijos, pienso que me gustaría que esten a gusto consigo mismos y que se sientan orgullosos del trabajo que desarrollan y de como han llegado a evolucionar como persona.
Creo que tu tienes que sentirte muy orgullosa de tu hijo, aunque lo eches de menos ver que él es feliz con la vida que lleva es una satisfacción muy grande para los padres.

Un abrazo.

mariajo abad dijo...

PRIMICA,, me remito a los comentarios anteriores,, como madre, se me ha hecho el corazon un puño poniendome en tu lugar; y como "tía" del susodicho se me llena y abre el corazon de orgullo por su trayectoria,, todo un hombre prima, aunque yo nunca olvidare sus primeros años, besos amor.

Eva Ferrer dijo...

Que bonito Ana, no dejas de impresionarme!!! Vaya intensidad!
Puedo entender y sentir cada palabra, hace tiempo que convivo con esta circunstancia, por eso he llorado con un llanto dulce y placentero,necesario, que sin duda ha limpiado la intensidad de sentimientos almacenados.
<>,
y a las madres nos queda ahora emprender el viaje hacia nosotras mismas, y ya sabes, que el camino sea largo y que regresen un día a casa.
Has sabido construir un lugar/hogar de encuentro cálido y confortable.
Enhorabuena y un fuerte abrazo!

Eva Ferrer dijo...

Otro valiente que aguanta con la sonrisa puesta y las ganas hasta el final.

Mermaid Lullaby dijo...

Gracias a todas, amigas y madres. Nadie mejor que vosotras para entenderme.
Escribir ya me alivia mucho, pero después de leeros, os aseguro que me siento todavía mejor, mucho más acompañada...
Un abrazo fuerte.

Mª José dijo...

Qué fácil y bonito expresas lo que sientes, tanto que al leer siento lo mismo que tú.
En cierto modo he crecido, a través tuyo ,con Elías y me siento orgullosa y feliz por él y por ti.
Pero además ésta experiencia que compartes es un soplo de esperanza para los que aún estamos en ese peldaño de la vida de nuestro hijos difícil y a veces amargo. Hemos sembrado dedicando mucho tiempo y amor y sí, antes o después el grano de mostaza “brota y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas”
Preciosas las fotos, artista!

ॐ Palabras Andantes dijo...

querida Ana, como siempre todo aquello que publicas referido a tus hijos está lleno de ternura y amor, que me llega directo al corazón y yo como madre comparto tus sentimientos, .... el poema de Khalil Gibran es un poema que siempre lo leo incluso antes de tener a mi hijo, es tan hermoso y tan sabio, …..seguramente antes de que me lo espere, también le llegará "su momento" a Ignasi y entonces a pesar de todas las lecturas y todo lo que comprendo racionalmente no dejaré de sentir esa tristeza por su partida, pero es una tristeza que a la vez encierra alegría, porque toda madre desea ver a sus hijos realizar sus sueños... te mando un abrazo grande, y espero que puedan repetirse más de estos momentos de reencuentro!!!

Mermaid Lullaby dijo...

Mª José: Pues claro que has visto crecer a Elías! Son ya muchos años compartiendo momentos bonitos, y otros que no lo han sido tanto, verdad? Sé del tiempo que vosotros habéis dedicado- y seguís dedicando a vuestros chicos. Y no me cabe ninguna duda de que esa dedicación tendrá sus frutos. De una rama como la vuestra sólo pueden crecer buenos brotes. Buena gente y con raíces firmes. Besos.

Mermaid Lullaby dijo...

Belky: Mucho antes de lo que crees, Ignasi se encontrará en el mismo punto de Elías, y entonces te tocará a ti...
Elías viene a casa el mes que viene para el cumpleaños de su hermana (su "princesa", como él la llama). Así que el próximo reencuentro no tardará en llegar... Un abrazo para ti y otro para tu "príncipe".

Hotel Existencia dijo...

Precioso, Ana.
Muchos viajes como este tendrás que hacer y otras emociones contendrán cada uno de ellos.
Creo que tendré que venir varias veces más, porque como arquera, y aunque mi retoño aún está conmigo, sé que algún día será también flecha.
Visitar esta entrada me recordará que no debo tensar en exceso la cuerda, ni dejarla flácida, que no debo impedir que vuele. Que educar y críar a un hijo consiste, sobre todo, en acompañrle mientras encuentra su camino y después compartir en los puntos de encuentro.

Mermaid Lullaby dijo...

... y ojalá que haya muchos puntos de encuentro.
Sí que me quedan todavía muchos viajes. Y espero traerme emociones y tesoros de todos ellos.
Tú serás -ya eres- una buena arquera, Inma. Besos.

edelia sanz dijo...

Viajé,lo viví,lo disfruté,me emocioné,lloré......
Te leo,lo vivo,lo disfruto,me emociono,lloro....
Decididamente pienso que lo más parecido a una "madre" es una "abuela".
Te quiero por ti y por los nietos que me has dado.....
Un beso.

Elisabet Fernández dijo...

Con el corazón en un puño, como todas las mamás, aunque yo lo he sido recientemente la partida del hijo del hogar me queda lejos y cerca porque yo también soy hija lejos de casa de los padres y éste relato tan bello que nos has regalado, como siempre, es la ventana intermedia hacia el futuro, el presente y el pasado de abuelos, padres e hijos. Ventana por la cual todos hemos pasado y hemos visto, o veremos pasar a nuestros hijos y nietos, si la vida así lo permite. Supongo que ese es, o será, nuestro gran regalo como madres y abuelas, ver pasar y acompañarlos con toda nuestra alma y todo lo que tenemos.

Mermaid Lullaby dijo...

Efectivamente: ése será el premio final. Es Ley de Vida...
Todos lo sabemos, y sin embargo, cuando nacen tus hijos, ves ese momento tan lejos que no te preocupa. Pero llega. Todo esto te demuestra con mucha claridad lo ráido que pasa el tiempo, lo breve que es la vida, y lo importante que es aprovechar cada hora de cada día.
Besos.

Consuelo Gil y Antonio dijo...

Vuelo, llegada, estancia, regreso… Fantástico todo, Gracias Elías por compartir a tu madre contigo.
Es un regalo. Ella es el canal a través del cual tú estás aquí.
Su amor, su entrega y su estar serán tu herencia, su legado…
No te olvides nunca de honrarla, respetarla y amarla; y siempre perdonar cualquier “error” que ambos progenitores pudieran haber cometido.
Sé feliz y haz feliz a todos y al igual que Ana y tu amada abuela, tenemos ganas de volver a verte.
Consuelo y Antonio

Mermaid Lullaby dijo...

Gracias, pareja. Sabéis que la historia de nuestra familia está ligada a la vuestra. Conocéis nuestras luces y nuestras sombras y os queremos mucho. Un abrazo fuerte.