lunes, 3 de septiembre de 2007

Un trocito de sol.

Cuando llevo un tiempo viviendo "tierra adentro" y llega el día en que vuelvo a casa, mis pulmones reaccionan de una forma muy curiosa. De forma inconsciente, en cuanto empezamos a circular paralelos a la costa, abro la ventanilla del coche y respiro hondo. Es casi como la sensación de haber estado aguantando la respiración durante mucho tiempo y poder, por fin, respirar de verdad. El aire de huele a mar. Y sé que en cuanto dejemos las maletas en casa, iremos a pisar la arena, a perder la mirada en el mar. Nos lo pide el cuerpo. Y el alma.
Y ya veis: en la orilla se encuentran cosas muy curiosas. A veces, el mar nos trae un trocito de sol. Y nos deja sujetarlo entre los dedos.