sábado, 19 de abril de 2008

Viajar.


Ayer dedicamos la clase de inglés en 3ºESO a practicar las condicionales llamadas de 2º tipo, imaginarias o hipotéticas. Para que todos formularan al menos un ejemplo, hicimos una ronda en la que cada uno de mis alumnos debía terminar la frase "If I had ten million dollars......" (Si yo tuviera diez millones de dólares...). Como las frases era demasiado típicas y generales, les pedí que concretaran más. Que expresaran sin miedo su sueño de riqueza. Algunos lo hicieron, e incluso consiguieron sorprenderme con sus contestaciones. Y acabaron preguntándome a mí cuál sería el mío. No me costó mucho encontrar una respuesta: "Viajaría hasta cansarme. Hasta hartarme de tal modo de recorrer el mundo que no pudiera pasar ni un sólo día más lejos de mi casa". Ese ha sido siempre mi sueño.

Volviendo a casa, le daba vueltas a este tema. ¿Qué buscamos al viajar? ¿Por qué viajamos?

Creo que, el menos en mi caso, hay algo que me empuja en busca de algo que no tengo y deseo conocer o poseer. ¿Habrá alguna razón oculta, esencial, que nos empuje a viajar?

El ser humano ha viajado siempre, a lo largo de toda su historia. Ha viajado en busca de un tesoro, de una princesa, de un reino, de un centro sagrado.

Se me ocurre que incluso las tradiciones sagradas insisten en que el hombre es por naturaleza un viajero, y que ellas son el camino. Cristo dice "Yo soy el camino". La traducción de "Zen", tan de moda actualmente, es "El Camino". Una vez leí un cuento sioux en el que se hablaba del "Camino Rojo", refiriéndose al camino sagrado que todo guerrero debe recorrer. Todo ello debe hacer referencia a la idea de que este mundo es transitorio, que existe un "más allá" donde reside eternamente la esencia de todo cuanto existe.

Hoy día, viajamos para adquirir experiencias, cultura, o quizás simplemente para cambiar de aires, para respirar. Porque allí donde vamos nadie nos conoce y podemos ser de verdad nosotros mismos, sin necesidad de responder a ninguna expectativa depositada sobre nuestra persona.

El camino que yo deseo recorrer no puede circunscribirse a los límites de esta ciudad, ni de este país. Hay tanto por conocer, y la vida es tan corta...