sábado, 19 de abril de 2008

Mayor de edad.


Mi hijo es ya mayor de edad. Hoy cumple 18 años. Intentaré pasar por alto la sensación de fugacidad de la vida que me produce pensarlo. ¿Es posible que ya hayan pasado 18 años, con sus estaciones, sus meses, sus días y sus noches, desde aquel 19 de abril en el que me convertí por primera vez en madre? Recuerdo el cansancio de la larguísima dilatación, los dolores del parto (por entonces la epidural apenas se utilizaba), y el nudo en la garganta cuando vi por primera vez aquella carita arrugada de Elías. Lo recuerdo todo con una nitidez asombrosa. Podría dibujar de memoria aquel quirófano, e incluso la ropita que pusieron a mi hijo una vez lavado y examinado.
Y hoy lo miro y no puedo creerlo. ¡¡18 años!!

Hace unos meses estuvimos pensando en nuestro regalo. Debía ser algo original, que no olvidase nunca. Algo que realmente le hiciera ilusión. Y lo encontramos.

El sábado pasado estuvimos en un pueblecito de la provincia de Madrid (o Toledo?) llamado Lillo.
Hicimos 600 Km. en un solo día. ¿Para qué? Para que Elías pudiera tachar de su lista de deseos de por vida el que decía: "Saltar en paracaídas".
Lo llevamos engañado hasta casi la misma puerta del aeródromo. Cuando lo supo, no lo podía creer: Su madre no sólo le permitía saltar en paracaídas sino que además ese salto iba a ser su regalo de cumpleaños. A partir de ese momento entró en un estado de ansiedad que sólo se calmó en el mismo momento en que las puertas del avión se abrieron y él se lanzó al vacío.
Fue un salto en tándem, con reportaje fotográfico y de video incluído. Un minuto entero de caída libre en el que Elías se hartó de chillar hasta perder el aliento. Chillaba y chillaba y cuando se quedaba sin aire, respiraba hondo y volvía a chillar. Un subidón de adrenalina increíble. Y, por lo que cuenta, una sensación de felicidad indescriptible cuando sus pies tocaron la tierra. Y unas ganas tremendas de repetirlo.

Cuando era pequeño, decía que quería ser Superman para verlo todo desde muy alto. Por fin lo ha conseguido. Está claro que a veces los sueños se cumplen. Y yo seguiré haciendo lo posible para que, al menos en lo que esté en mi mano, los sueños de mis hijos se cumplan. Aunque me cueste.
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