domingo, 15 de febrero de 2009

Lady Ragnell, esencia de lo femenino.

La leyenda de Lady Ragnell es una de las múltiples historias del universo artúrico que han llegado hasta nuestros días, y probablemente una de las más conocidas de la mitología medieval anglosajona. Sorprendentemente avanzada a su tiempo, esta antigua historia ya nos habla de las mujeres como seres no dependientes de los hombres y defiende su libre albedrío, en un contexto de tintes mágicos y valiente romanticismo.

Cuenta la leyenda que el Rey Arturo estaba de caza con sus caballeros, cuando se perdió y se encontró solo en una parte desconocida del bosque. De repente, Arturo notó que no podía moverse, que su cuerpo había quedado congelado por una extraña fuerza. Una figura amenazadora, un caballero vestido con una armadura negra, apareció ante él en mitad de la arboleda. El caballero le dijo a Arturo que tenía su vida en su poder, pero que le perdonaba con la condición de que le diese la respuesta correcta a una pregunta en el plazo de un año. Si la respuesta era errónea, el caballero acabaría con su vida. Arturo accedió al trato, y el caballero le formuló la pregunta:
"Qué es lo que realmente quieren las mujeres?".

Durante el año siguiente, Arturo y sus hombres anduvieron por ciudades, pueblos y aldeas formulando la pregunta a mujeres de todo tipo, y anotando las respuestas en un grueso libro. Unas mujeres hablaban de amor verdadero, otras de hijos, algunas de riquezas, pero ninguna de las respuestas que obtenían les parecía satisfactoria, así que a medida que la fecha se acercaba, Arturo empezó a desesperar.
Sin embargo, un día paseando de nuevo por sus tierras, se encontró con una mujer monstruosa, de pelo enmarañado, cuerpo deforme y gigantesco y cara terrorífica. Asustado, Arturo quiso azuzar a su caballo, pero la mujer le detuvo diciéndole que tenía la respuesta que buscaba y que podía salvar su vida si él accedía a compensarla. "Soy Lady Ragnell, y quiero casarme con uno de tus caballeros, Sir Gawain, pero sólo si él accede a hacerlo."
Arturo se horrorizó con la propuesta, pero contestó que consultaría con Sir Gawain antes de responderle. Al volver a palacio, el rey expuso el problema con reticencias al apuesto caballero, pero éste respondió al instante que se casaría con Lady Ragnell, aunque fuera un demonio, si con eso conseguía salvar la vida de Arturo.

Tras hablar con el caballero, el rey regresó al bosque, y contestó a Lady Ragnell que Sir Gawain se casaría con ella, pero solamente si su respuesta era la correcta. Si cualquiera de las otras recopiladas en el libro funcionaba, el compromiso quedaba roto. Lady Ragnell accedió y le dio la codiciada respuesta: "Lo que las mujeres quieren por encima de todo es soberanía sobre sí mismas, ser capaces de decidir."

El día señalado, el rey Aturo fue hasta el bosque para encontrarse con el caballero. De nuevo, el extraño personaje apareció de la nada, buscando la respuesta. Arturo primero le entregó el libro con las miles de respuestas recogidas. El caballero lo miró y se rió con estrépito, pensando que había ganado, pero entonces Arturo le dio la respuesta que Lady Ragnell le había dado, y el caballero montó en cólera. "Sólo mi hermana ha podido darte esa respuesta. Ve donde quieras, Arturo, quedas libre y nuestra cuenta queda saldada."

Al ver por primera vez a Lady Ragnell, Gawain se quedó consternado por su fealdad, pero fiel a su promesa, se reafirmó en su decisión de casarse con ella. Las mujeres de la corte lloraban al pensar en un caballero tan hermoso casado con semejante monstruo, mientras que los otros caballeros se alegraban de no haber sido ellos los elegidos. Después de la ceremonia y el banquete, los recién casados fueron conducidos a su habitación. Reticente a tocar a su esposa, tuvo que ser ella la que le pidiese un beso, así que haciendo acopio de valor, Gawain la besó. En el acto, la mostruosa mujer quedó convertida en una bella joven entre sus brazos.
"He tenido que esperar a que un caballero accediese a casarse conmigo por propia voluntad para recobrar mi forma, pero sólo puedo mantenerla la mitad del tiempo, así que ahora tengo que darte a elegir: ¿Prefieres que tenga mi forma monstruosa de noche o de día?", le dijo Lady Ragnell al consternado caballero. Gawain se quedó pensando unos instantes, valorando ambas opciones. Finalmente, le respondió a la doncella que no podía decirlo, que era ella quien debía elegir cuándo conservar su forma. Ella sonrió y le dijo: "Con tu respuesta acabas de romper por completo el hechizo de mi hermano, el caballero negro, que me impuso porque me consideraba demasiado independiente. Ahora ya no tengo que volver nunca a mi aspecto monstruoso, querido Gawain. Me has dado lo que toda mujer desea, capacidad para decidir por sí misma".
Y cuenta la leyenda que vivieron felices y enamorados hasta el fin de sus días.

4 comentarios:

Carpe Diem dijo...

Me encantan las Leyendas del Rey Arturo, siempre llenas de magia.

En ésta especialmente se demuestra porqué era un caballero y mantenía por encima de todo los valores de su código ético en el que destacaba proteger y ayudar a las mujeres.

Graciela dijo...

Siempre me fascinó la época del rey Arturo y sus leyendas.
He fantaseado con el apuesto Lancelot en mi juventud.
No conocía esta historia tan hermosa. Esta mujer sin duda, representa el espíritu femenino, que siempre quiso tener su propio vuelo, sólo que durante muchos años fue relegado en un mundo dominado por los hombres. Sir Gawain demuestra ser un verdadero hombre por su actitud valiente, abierta, generosa. Cualquier bruja se convertiría en una mujer hermosa a su lado!
Cariños y me alegra volver a visitarte!
Graciela.

Mermaid Lullaby dijo...

Bienvenida de nuevo, Graciela. ¿Quién no ha fantaseado con Lancelot en su juventud -incluso en su madurez? Aunque tener un Sir Gawain a tu lado tampoco estaría mal, eh? O mejor ponemos los pies en el suelo y empezamos a dar las gracias por ese compañero, que aparentemente no es un caballero de brillante armadura, pero nos quiere, nos valora, nos respeta y nos da alas...
Besos y hasta pronto.

Anónimo dijo...

INCREÍBLE!!! Sigmund Freud no supo nada de esta leyenda!!! preciosa y profunda narración, llena de magia y sabiduría...