viernes, 3 de julio de 2009

Greguerías.

Ramón Gómez de la Serna

Hoy se celebra el aniversario del nacimiento del escritor vanguardista español Ramón Gómez de la Serna. (Madrid, 3 de julio de 1888 - Buenos Aires, 13 de enero de 1963).

Hijo de un notable jurista, publicó su primer libro a los diecisiete años y terminó Derecho a los veintiuno, si bien no llegó a ejercer la profesión: el afán literario le absorbió. Empezó su carrera literaria en el periodismo, donde destacó por su carácter original, ejerciendo una rebelión imaginativa contra una sociedad anquilosada, burguesa y sin expectativas. Fue un escritor de personalidad muy acusada y de una vastísima obra. Su creación más significada y reconocida es la “greguería”, que ejerció una enorme influencia en los creadores de su tiempo y, especialmente, en los poetas de la generación del 27. Él mismo aventuró una definición para entenderla: «humorismo + metáfora = greguería».

Las greguerías son textos breves o aforismos, generalmente de una sola frase, que expresan, de forma aguda y original, pensamientos filosóficos, humorísticos, pragmáticos, líricos, etc.

- Al agonizar el viejo marino pidió que le acercasen un espejo para ver el mar por última vez.

- La sidra quisiera ser champán, pero no puede porque no ha viajado por el extranjero.
- Cuando asomados a la ventanilla echa a andar el tren robamos adioses que no eran para nosotros.
- El olivo es el espejo del alba.
- Cuando el armario está abierto parece que toda la casa bosteza.
- La escoba baila el vals de la mañana.
- En invierno los rosales están pensando en sus rosas.
- Sobre las hojas grises de los olivos gravita aún el polvo que levantaron los carros romanos y las diligencias.
- El agua se suelta el pelo en las cascadas.
- En la Vía Láctea se agolpa el polvo fulgurante que levantaron en su camino las carrozas siderales de los grandes mitos.
- ¿Será a nosotros a quienes llama esa bocina de automóvil que, parado frente a nuestro portal, dice a alguien bien distintamente que baje?… Y nosotros que no tenemos ni esperamos ningún automóvil, cometemos la torpeza de asomarnos…

- En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.

- Cuando anuncian por el altavoz que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo.