lunes, 7 de diciembre de 2009

Madame de Staël

"Portrait de Madame de Staël"
Marie-Eléonore Godefroid


"El amor constituye la historia entera de la vida de una mujer: sólo es un episodio en la del hombre."

"El amor es un símbolo de eternidad. Barre todo sentido del tiempo, destruyendo todo recuerdo de un principio y todo temor a un fin."

Madame de Staël

“Sí, las mujeres son peligrosas”, afirmó Heinrich Heine (1797-1856); y se refería muy particularmente a las escritoras, y entre ellas a Madame de Staël, francesa y gran conocedora de Alemania. Heine le imputaba un estrabismo divergente. Las mujeres que escribían tenían, según él, un “ojo fijo en el papel, el otro en un hombre”. Ellas se caracterizaban por “el cancán y la camarilla, que trasladaban también a la literatura”. Los hombres, en cambio, no cogían la pluma más que por amor al arte. Difamando a las escritoras y acusándolas de frivolidad, Heine defendía la creatividad como un privilegio masculino.
Según el parecer general, las mujeres estaban para encarnar la belleza y no para hacer arte. Por ello, también Heine consideraba que las mujeres hermosas eran menos peligrosas que aquellas que “poseen más virtudes intelectuales que físicas”, categoría en la que situaba a Madame de Staël.

"Madame de Staël as Corinne"

Louise Vigee-Lebrun


En su novela "Corina o Italia", ella había defendido la opinión de que el genio se situaba más allá de los sexos. Junto a los rasgos masculinos, había también recalcado sus características femeninas: para ella, tener genio era ser capaz de experimentar grandes sentimientos y transformarlos en arte.

"Madame de Staël y su hija Albertine"
Palacio de Coppet


Pero, en su época, el sentimiento era considerado como un privilegio de las mujeres y tenido por algo “pasivo”. Madame de Staël destacaba en cambio sus rasgos activos y hablaba de “entusiasmo”, que definía como el amor por lo bello, la elevación del alma y el placer de la devoción, unidos en una disposición que, pese a toda su dulzura, no estaba desprovista de fuerza. Semejante entusiasmo estaba, en su opinión, a muchas leguas de distancia del fanatismo. El fanático se cree en posesión de la verdad y excluye a los demás. El entusiasta, en cambio, percibe la atracción y la belleza contenidas en todas las cosas; ahí encuentra un resorte que lo capacita para los grandes logros.
Madame de Staël hizo de ello una filosofía de vida: “Sólo el entusiasmo -escribió- puede compensar la tendencia al egoísmo.”


Germaine Necker (1766-1817), conocida como Madame de Staël era eso que se llamaba ya desde antiguo, una mujer coraje: una mujer muy segura de sí misma, que escribía y hacía política. Irrumpió en el imperio napoleónico con ideas liberales y renovadoras que presagiaban ya el cercano Romanticismo. Su participación en la gran corriente antinapoleónica de la época le valió el exilio y la prohibición, en 1810, de la primera edición de su obra, “De L´Allemagne”, prohibición que no consiguió obstaculizar su portentoso éxito.
Con esta obra, producto de la estancia de la autora en aquel país, Madame de Staël dio a conocer al mundo entero el movimiento idealista y prerromántico alemán a través de su estudio de Lessing, su retrato de Schiller y, en especial, su análisis del gran genio, Johann Wolfgang von Goethe. En esta obra, en cuatro volúmenes, describe a los alemanes como el pueblo de los poetas y los pensadores y sigue condicionando hasta el día de hoy la imagen que los franceses tienen de Alemania.

Fue una gran experta en el arte de la conversación, por lo que no tuvo dificultad alguna en eclipsar a algunos autores alemanes, a quienes conoció a raíz de sus viajes por Alemania. Schiller se quejaba de que “la agilidad tan fuera de lo común de su lengua” le había obligado a transformarse en “puro órgano auditivo”. Goethe, en cambio, tan pronto como ella le anunciaba su visita, optaba por emprender la retirada.


De su libro sobre Alemania, en la que muestra el contraste entre "Kultur" a la alemana y "civilisation" a la francesa:

-“Los alemanes yerran al poner frecuentemente en la conversación lo que no conviene más que a los libros; los franceses, en cambio, se equivocaron al meter en los libros lo que no conviene más que a la conversación.”

-“Un francés habla incluso cuando no tiene ideas; un alemán, en cambio, siempre guarda en su cabeza un poco más de lo que expresa.”

-“En Francia se estudia a los hombres; en Alemania, a los libros.”

-“El mérito de los alemanes es el de saber ocupar bien el tiempo; el talento de los franceses reside en hacerlo olvidar.”


Fuentes:
-"Las mujeres que escriben también son peligrosas" Stefan Bollmann, Ed. Maeva.
- Wikipedia