lunes, 11 de julio de 2011

Heimweh y Fernweh.


Último paseo por Canterbury.


La lengua alemana, rica en vocablos como pocas, dice que cuando uno siente nostalgia del hogar, padece “Heimweh” (Heim = hogar / Weh= dolor). En español tenemos también la palabra “morriña”, una bonita palabra de origen gallego para designar la añoranza por el hogar, la tierra natal, por todo lo que nos resulta familiar y conocido.

Y también dice que hay un dolor por NO hallarse lejos, el desasosegante deseo continuo por conocer lugares nuevos, por viajar por el mundo. Es lo que llama “Fernweh” (Fern= distancia / Weh= dolor). Fernweh es, en suma, la añoranza de países lejanos, la pasión por los viajes, la nostalgia de lo que no conocemos todavía. Y aunque es un sentimiento muy humano y relativamente frecuente, no existe ninguna palabra equivalente en español.



La mañana del veintisiete de junio me desperté en un dormitorio desconocido. Miré por una ventana nueva y todo lo que vi, incluida la ventana, era distinto y desconocido. Todo indicaba que estaba dentro de un mundo nuevo, y que tenía todo un día por delante para dejarme llevar por él. Poco a poco, mientras la ventana y lo que veía a través de ella se iban haciendo más familiares, se fue apoderando de mí un profundo Heimweh.


Curiosamente, como un yin y un yang de fuerzas aparentemente opuestas y complementarias, al mismo tiempo que mi Heimweh vaya desapareciendo, el espacio que éste ocupaba, empezará a ser ocupado por un profundo Fernweh, que es siempre de mayor duración, y que, desgraciadamente, sólo logro calmar en periodos vacacionales.

Me temo que nunca estaré sana del todo. Es evidente que estoy condenada a padecer uno u otro. Afortunadamente, los dos “dolores” se calman mutuamente y acaban siempre teniendo cura.

Gracias por acompañarme en este afortunado, verde y bellísimo periplo británico.

See you soon at home (“...sweet home”).


4 comentarios:

Graciela dijo...

Sí, son como el yin y el yang, se complementan. Maravillas del lenguaje, que explicas muy bien, sin traducción.
Creo que todos los padecemos: tenemos ganas de conocer el mundo...y al poco tiempo de partir, añoramos nuestro hogar.
En verdad, no hay lugar más bello que nuestra propia casa, por la seguridad y los afectos, eso no tiene comparación...
Besos.

ॐ Palabras Andantes dijo...

Bellisimas las fotos de todo tu viaje en general, gracias a ellas fue como estar allí =) ...

muy interesantes las palabras alemanas, creo que, yo en vacaciones no añoro, pero sí cuando he tenido que partir, para ir a vivir a otras tierras y comenzar a conocer y convivir con otras costumbres ... que al final de cada etapa ya las sentía como parte de mi y dejar esos lugares me provocaba un cierto dolor.... guardo grandes recuerdos, y grandes amigos que a pesar de la distancia se sienten muy cercanos....
Bienvenida a casa Sirena, seguro que has tenido un gran y caluroso recibimiento. Un beso.

Cronopias dijo...

Maravillosas reflexiones, Ana, . Muy certeras.
Yo estoy en el punto de añorar los viajes. Este año, por circunstancias diferentes, se me ha puesto difícil. Mis periplos se limitan a esta maravillosa tierra en el que vivo y en la que no ceso de encontrar tesoros. Bueno, menos da una piedra. Hermosa crónica la tuya. Gracias por compartir.
Un beso enorme.

Wílliam Venegas dijo...

Me gusta este blog, bastante.
Me apunté como seguidor de su blog, la invito a que lo hagas en el mío.