domingo 8 de enero de 2012

2012



"El principio de año suele ir asociado a alegría, esperanza y metas personales. El tiempo se nos ofrece limpio y vacío, como una alfombra por estrenar. Este punto de inflexión es apenas una convención mental -nada interrumpe la sucesión de días-, sin embargo impera la sensación de empezar un ciclo. Y así es: el sol vuelve a ganar altura en el cielo y los árboles tienen un anillo más. El 2012, de todos modos, se anuncia distinto, incluso desde las primeras "ecografías". Más que un año como los otros, tiene pinta de ser un período incierto, en el que una forma de vivir muestra sus limitaciones y empieza a agotar su recorrido.
Que el estilo de vida occidental sacrifica ingentes recursos para alentar un grado de bienestar y felicidad poco consistente, hace mucho que lo sabemos. Sólo que ahora se evidencia lo ilusorio del empeño. Médicos y economistas coinciden el diagnóstico: el paciente debe cambiar de hábitos, moderar sus excesos, comer con criterio, no dilapidar su energía, conocerse más...
Pero si algo bueno tienen los problemas es que obligan a descubrir y a dar lo mejor de uno mismo. Y ésa puede ser una palabra clave para este año atípico: DAR. Los viejos patrones de conducta y crédito hacen agua a nivel colectivo e individual. Se hace preciso, pues, hallar nuevas vetas que alimenten la vida. Un requisito para ello suele ser dejar de buscar con avidez el remedio fuera y profundizar de algún modo en uno mismo. Al volver a abrir los ojos, puede que nos sorprenda la sintonía con el resto de seres vivos, empezando por los humanos. Tal vez estamos más cerca unos de otros de lo que nos creíamos. Y eso de vivir cada uno en su casa, atareado en consumir todo lo posible, pues quizá no sea el súmum de la evolución.
¡Que en el 2012 hallemos mucho para dar y compartir!"

J. Ruiz.
Editorial Revista Cuerpomente nº237.