domingo, 15 de julio de 2007

FLOTAR: SER FELIZ.

En cuanto leí el título de esta película, que se estrenó la semana pasada, me llamó la atención. Pensé: Debe ser muy osado aquel que escribe sobre la felicidad, que probablemente es distinta para cada ser humano sobre la faz de la tierra. Pero aún me atrajo más cuando vi el cartel de la película. ¿Qué hace esa señora vestida con un traje tan formal y discreto flotando sobre el asiento de un vulgar autobús mientras lee? Me recordó a mí misma. Y no precisamente por lo del traje...

Dicen que Odette, como Amélie, se pueden englobar dentro del género llamado "realismo mágico". Se trata de películas en las que los protagonistas viven en un mundo en el que el límite de lo real con lo soñado, con lo mágico, es tan fina que se hace invisible, y una vez comenzada la proyección no tienes más remedio que formar parte de ese mundo hasta el punto que tu sensibilidad te permita (que, en mi caso, es mucha, a veces pienso que excesiva para los tiempos que corren)
Dicen también los críticos que la película "reivindica el optimismo", y que está repleta de música (de Josephine Baker principalmente) y de imaginación. Todo es cierto. Acerca de la felicidad, no se nos dice qué es exactamente, pero sí lo que no es: "He querido vivir la felicidad de los otros -dice uno de los protagonistas- y sólo he encontrado desdicha." Nuestra única oportunidad de encontrar la felicidad (la NUESTRA, no la de los otros) es conocernos a nosotros mismos lo suficiente para saber qué es lo que queremos, lo que necesitamos. Y luego, no desanimarnos si la búsqueda es larga o si nos parece imposible conseguirla. Hay que contar con la magia...
La película narra la historia de Odette, una dependienta de la sección de cosméticos de unos grandes almacenes, viuda y con poco dinero que, a pesar de todo, es feliz, sobre todo gracias a las novelas de su escritor favorito y a su "falta de pretensiones". Por su parte, ese escritor rico y afamado, perteneciente al círculo de intelectuales de París, intenta suicidarse después de enterarse de la relación amorosa de su mujer con su editor. Después de leer una emotiva carta que le envía Odette, el desesperado escritor acude a la casa de su admiradora "para encontrar el amor espontáneo y no el reconocimiento intelectual", (según explica el propio director de la película).
El director, Eric-Emmanuel Schmitt, que es también y sobre todo escritor, confesó que el personaje de Odette está basado en una mujer alemana que acudió a una de sus firmas de libros que "tartamudeaba y sudaba" y que, ante la imposibilidad de articular palabra, le entregó un sobre. "Además, aquella mujer venía excesivamente arreglada", siguió explicando Schmitt, que añadió que en aquel momento sintió vergüenza "de tener ese tipo de lectora" porque en aquella época el escritor era "bastante ´snob´". Sin embargo, aquel día, ya en el hotel, Schmitt decidió abrir el sobre, que contenía "un peluche con forma de corazón y el papel en el que había escrito era perfumado y tenía angelitos dibujados", pero, aún así, leyó la carta de su admiradora y descubrió que su contenido era "formidable y muy profundo", de modo que se sintió "ridículo" por haber juzgado a aquella mujer simplemente por su aspecto.
Aquella noche Schmitt envió una carta a su admiradora y hace un mes le hizo llegar la versión en alemán del libro de la película -que escribió tras finalizar el rodaje-, aunque ésta aún no le ha respondido. A pesar de que esta película poco tiene que ver con el cine tradicional francés, "más culto", el director defendió su obra por su sencillez y porque, como reivindicó, "se puede leer a Kant y ser fan de Walt Disney".

Yo te comprendo, Odette. Sí, yo también sé flotar. Y, como tú, también me elevo y me elevo hasta que mi parte más sensata y menos mágica y mi sentido del ridículo me dicen: "Contrólate, Ana, contrólate...", y sólo entonces, y para mi pesar, empiezo a descender lenta y controladamente para volver a poner mis aburridos y sensatos pies sobre la tierra. Esta misma mañana he flotado escuchando un aria de Dvorak ("Canción a la luna") mirando al mar. Suelo ponerme a flotar con enorme rapidez cuando leo los poemas de Benedetti, o de Gala, o las historias de Isabel Allende. También puedo ponerme a flotar por sorpresa viendo una película como "El camino a casa", o "Amélie", o la misma "Odette". O cuando Marina se acaba de despertar por la mañana y me abraza, y se me pega como una lapa medio adormiscada todavía, sin poder abrir del todo los ojos y recibiendo ya el día con una sonrisa que ilumina toda la casa. Y, por suerte, en muchas otras ocasiones, sin poder preverlo o evitarlo, y sin que ningún yogui de la India me haya enseñado el secreto para lograrlo, pierdo el contacto con la tierra y me escapo... He leído a Kant. Y me encanta Walt Disney. Al fin y al cabo, la vida es una mezcla de los dos. Y no sólo eso: creo que puedo tener los pies en la tierra gracias a que, a veces, encuentro un escape y me pongo a flotar. Y no pienso dejar de hacerlo.

http://www.esnips.com/doc/770f03e2-fc11-4f82-be64-6d61ee504866/Josephine-Baker---Jai-Deux-Amours