jueves, 30 de agosto de 2007

SAAAAL- SA!!!!

A petición de familiares y amigos, y aunque en principio pretendía ser un secreto que me llevaría a la mismísima tumba, aquí va la receta de la salsa que inventé hace unos días para compartir en nuestra cena-despedida a base de patatas, cebollas y mazorcas de maíz asadas a la brasa:

Para unos cinco comensales:

- Dos cucharadas de postre de carne de pimiento choricero (la venden ya preparada en botes)
- Dos cucharadas soperas de almendra molida.
- Una cucharadita de postre de curry.
- Una cucharadita de hierbas provenzales.
- Un buen chorro de vinagre (más o menos cantidad según gustos)
- Aceite de oliva abundante.
- Miga de pan.
- Sal.

Se trituran bien todos los ingredientes, y se va probando para añadir más o menos aceite, vinagre y sal para que la salsa se adapte al gusto de los comensales.

Por cierto, la salsa no ha sido bautizada todavía oficialmente, así que se admiten sugerencias. Provisionalmente, la llamaremos "Baturnesa", según sugerencia de mi siempre ocurrente amigo Vicente. Dado que la salsa nació en tierras baturras, me parece bastante acertado.

Este es aproximadamente el aspecto final que presenta la baturnesa:


martes, 28 de agosto de 2007

Vuestra luz.


Recuerdo una noche de fiesta de hace ya muchos años. Una verbena de verano. Mi vida era entonces muy distinta. Tenía un niño muy pequeño y una actitud de decepción ante la vida muy grande. Hacía muy poco se me había roto el corazón en trocitos tan pequeños que pensaba que nunca iba a poder reconstruirlo. Y mi eterna sensación de soledad y de pertenecer a otro planeta se me hacía insoportable demasiado a menudo.
La orquesta sonaba en la plaza del pueblo, y todos bailaban. Yo me limitaba a observar mientras me preguntaba en qué consistiría la felicidad para toda aquella gente. Y cuándo encontraría yo la mía. Porque, junto a la tristeza que me estrangulaba la garganta con frecuencia, convivía una especie de impulso vital interno, unas enormes ganas de luchar, de buscar, de vivir. Seguía convencida de que, de algún modo que aún no había descubierto, podría algún día quitarme esa constante angustia de encima y vislumbrar la felicidad que otros parecían haber encontrado con extrema facilidad. Y aunque siempre acababa por encontrar ese "centro de gravedad permanente" del que Battiato habla en su canción, solía pasar por momentos muy, muy tristes.

Aquella noche de agosto me trajo una sorpresa: un chaval que yo conocía desde muy pequeño, del que me separaba una considerable diferencia de edad , y con el que apenas había hablado nunca, se acercó a mí y empezó a hablarme. Recuerdo mi sorpresa por su desenvoltura, su juventud y una especie de resplandor, como una luz acogedora que provenía de él.

A veces ocurre. Veo esa luz diferente y singular que emanan algunas personas (con poca frecuencia, por desgracia), y cuando la veo, tan única y maravillosa, me resulta difícil alejarme de ella. No puedo explicarlo de otra forma. Algunas personas brillan. Suelen ser personas que derrochan alegría, buen humor, positividad, creatividad, ingenio, gracia... como tocados por una varita mágica.

Y él brillaba. Recuerdo que hablamos mucho. Volvieron a sorprenderme las coincidencias en nuestros gustos, en nuestras aficiones. Recuerdo que cantamos y bailamos. Creo que hasta leímos algún poema. Aquella noche casi olvidé lo sola que estaba.

Es así: a veces ocurre. Hay una conexión que nos sorprende por lo inesperada y profunda. Puede ser la amiga de toda la vida, y que lo es precisamente por eso, porque con ella trae siempre una luz que puede iluminarte el día y la vida entera. Y sabes que siempre contarás con ella.
O un alumno que te escucha de un modo especial, que ilumina el rincón del aula en el que se encuentra, y al que te gustaría tratar de forma distinta a los demás, porque lo merece, porque con la mirada te lo está pidiendo. Y te busca entre clases sólo para hablar contigo un ratito. Luego, al cabo de los años, te llama y te repite palabra por palabra lo que tú siempre le decías. Recuerdas entonces su luz. Recuerdas cuánto te dio él a ti sin darse cuenta, pensando que eras tú quien le dabas...
O simplemente alguien que va sentado en el autobús y te mira como si te conociera desde siempre. Y tú le miras y le sonríes. Sin saber exactamente por qué. Y en la siguiente ocasión que coges el autobús le buscas con la mirada, porque, inmerso en este mundo tan tendente a la oscuridad, necesitas un poquito de aquella sonrisa, de aquella luz.

Por suerte, cuento en mi vida con una lista lo suficientemente nutrida de seres con estas características. Algunos de ellos muy, muy cercanos... Podría hacer ahora mismo una lista con nombres y apellidos, pero creo que no debo hacerlo. Los no-incluidos podrían recriminármelo o sentirse defraudados. Y los incluidos podrían sentirse algo confusos, incluso “violentos”. Así somos de complicados.

El caso es que aquella noche, un chaval con el que apenas había hablado nunca, me deslumbró con una luz intensa e inesperada. Y hoy, al cabo de los años, lo he recordado porque me he detenido de nuevo en él. Le he vuelto a mirar a los ojos, y bajo varias capas que claramente lleva a modo de armadura protectora, le he visto otra vez. He visto esa luz, que sigue ahí después de estos años.
En aquella ocasión, le escribí un poemita muy breve pero muy sentido. En la Asociación de Escritores a la que yo pertenecía por entonces, gustó tanto que decidieron incluirlo en una de sus revistas. Pero él nunca lo leyó. Ni siquiera le dije que lo había escrito. Quizás esta vez sí pueda leerlo.
POETA
Trigo madurado a deshora,
su luz dorada
emanando.
Todo puro, todo fresco,
soplo de aire limpio,
suspirando.
Brisa suave,
sol que ciega,
inesperado.
Poeta en la madrugada,
esperanza,
músico del alma,
al amor cantando.


"The rain has stopped, the clouds have drifted away, and the weather is clear again. If your heart is pure, then all things in your world are pure. Abandon this fleeting world, abandon yourself. Then the moon and flowers will guide you along the way."

Ryokan

lunes, 20 de agosto de 2007

"Cuentos de Hadas para aprender a vivir."


Hace tiempo leí un libro del que hoy he rescatado algunos fragmentos. Lo he recordado porque hace poco me he reencontrado con un amigo que parece sacado de entre sus páginas. Después de varios años de olvido y desapego absoluto, nos hemos vuelto a ver y, como suele ocurrir con los verdaderos amigos, parecía que nos habíamos visto por última vez ayer mismo. Hemos compartido tantas cosas cuando éramos niños (y no tan niños), que no nos hace falta mucho para conectar de nuevo como lo hacíamos antaño. Y hoy, con las historias que ambos llevamos sobre las espaldas, todas esas que la vida nos ha obligado a vivir, esa amistad cobra un nuevo sentido. Diría que se hace aún más profunda. Más verdadera.
Aquí va la descripción casi exacta de mi amigo Kike, un "bohemio" según muchos, incomprendido por casi todos, y en cualquier caso un ser único y especial que tiene mucho que enseñar.

"Hubo un tiempo en que la magia poblaba la tierra y todos recordaban quienes eran en su corazón de luz. La vida entera creaba milagros cotidianos. La humanidad entera conocía el arte de la felicidad.
Nadie recuerda cómo se perdió el recuerdo de la verdad. Nadie sabe cómo todos olvidamos nuestros orígenes y acabamos por pensar que éramos “pobres humanos” perdidos en la tierra. Olvidamos nuestra alforja mágica en la memoria oscura de un túnel que nunca cruzamos por miedo a perder el contacto con ese grupo que, a pesar de darnos mala vida, nos nutría en aquella noche del alma. La realidad virtual que vivimos hoy en día en La Tierra nada tiene que ver con la realidad ancestral de nuestros orígenes pero, ¿quién se atreve a recordar? ¿Quién osa recobrar la memoria y compartir el recuerdo con otros? Dado que nos gusta ser aceptados en nuestra comunidad y queridos por nuestros semejantes, acabamos por ocultar la verdad que mora en nuestro corazón, y preferimos traicionar nuestra integridad antes que exhibir nuestra verdad y compartirla con aquellos que también están deseando hacerlo. ¿A quién le gusta ser tachado de excéntrico, de lunático, de diferente, hasta de “peligroso”? A la humanidad le gusta clasificar, etiquetar y controlar.
Nadie nos cura la herida del alma, pero seguimos empeñados en ocultarnos unos a otros la verdad de nuestra vida. Buscamos, perseguimos la gloria material. Corremos en pos de una relación que dé sentido a nuestros días, color a nuestras mañanas y cobijo a nuestras noches. Pero, una vez alcanzado el objetivo, descubrimos que nuestra alma sigue igual de sola. Y es que nadie es responsable de la vida ni de la felicidad de nadie.
La esperanza de un mundo equilibrado persiste en mi ánimo. No importa cuántas veces parecen haber fracasado seres de extraordinario coraje y elevado espíritu en su misión de traer un poco de paz al corazón humano. Afortunadamente, siempre ha habido y habrá pioneros del espíritu humano, atrevidos provocadores de la conciencia dormida de la comunidad entera. A esos seres privilegiados, la historia suele referirse como “genios”, “héroes”, “dioses”, “hadas”... Ahora se les llama “bohemios” o “raros” (recuérdese que el significado menos usual de este vocablo es “único, diferente, especial...”). Son, a fin de cuentas, todos aquellos que se atreven a vivir la vida a su aire, rigiéndose sólo por su ética personal, sin reparar en lo que la sociedad dice que tienen que hacer o pensar, siendo sabios en una tierra de esclavos emocionales que no osan rebelarse contra el statu quo imperante. Los libres de espíritu siempre han suscitado admiración y envidia por demostrar que “si uno quiere, puede”. Pero todos podemos conseguir lo mismo que esos “seres especiales”; bastaría con inspirarse en ellos, activar recursos (capacidades, habilidades), y desarrollar una estrategia apropiada para lograr la libertad, convirtiéndonos así en libertos en una tierra donde la concesión de la libertad del alma está exclusivamente en manos de uno mismo."



The Moon and Flowers
Sexuality and Buddhism.
Varabhadri

“Monks, I know of no other single form, sound, scent, savour, and touch by which a man´s heart is so enslaved as it is by the form, sound, scent, savour, and touch of a woman. Monks, a man´s heart is obsessed by these things.”

This is what we find the Buddha saying to some of his disciples in a scripture from the Pali Canon, the oldest surviving written account of the Buddha´s teaching. (…)
Good sexual relationships don´t just “happen”. They need to be worked at. That´s an important thing to realize. Making them work, once the first rushes of passion and fascination subside, means we have to start going deeper in our communication with each other. (…) But real contentment comes from being able to appreciate what we´ve got with someone, from openness of heart and mind to one another. It means learning to receive and give so that the relationship stands a chance of becoming richer and more meaningful; delighting, not binding, each other, for those who feel bound will surely one day want to break free. Having sex is a healthy human activity when two people have sufficient positive regard for themselves and each other, so that sex then becomes yet another dimension of communication between them. Sex should give us a chance to enter upon a relationship honest and self-possessed, able to be both intimate and free, relating from our inner strengths and richness, passionate, tender, respectful, playful, truly adult, delighting in, but not hanging on, to the other person.

sábado, 18 de agosto de 2007


(...) En medio de la agitación de aquellos años, en los que cumplí los diez, los once, los doce y los trece, la idea de la comodidad para mí se convirtió en la mezcla de perfumes de Yukako cuando dormíamos en el suelo de su habitación: la cera de abeja del pelo, los minerales del baño, el olor a cedro y geranio de las hierbas que utilizaba para alejar las polillas de la seda, y también aromas más suaves, los inciensos y el té en polvo. Yu-ka-ko significa “Niña de fragancia nocturna”: la mezcla de su perfume era dulce e intensa, como la tierra fresca. (...)

La Casa de Té.
Ellis Avery

miércoles, 1 de agosto de 2007

Rostropovich



El pasado mes de abril murió, tras una larga enfermedad, Mtislav Rostropovich, probablemente el mejor intérprete de violoncelo del mundo y un gran director de orquesta. Mientras escribo esto, escucho su Suite nº 3 de Johann Sebastian Bach y me emociono al recordarlo.

Este hombre, nacido en Azerbaiyán, supo ganarse el respeto de todos durante los duros años de la Guerra Fría con su actitud dialogante y conciliadora pero no exenta de críticas a ambos bloques. No es de extrañar que cuando se pensó en alguien para ponerle música al acto formal de la caída del muro de Berlín en 1989, el elegido fuera él. Dicen que su viejo violoncello Stradivarius no le dejó ni un momento hasta su último suspiro, que permaneció en la misma habitación, esperando que el viejo maestro se levantara de la cama para tocarlo una vez más. ¿En qué manos andará hoy aquel cello, tan solo, tan huérfano?

Yo tuve la suerte de conocerlo en persona. Le estreché la mano y le di la enhorabuena en una ocasión en que estuvo en Valencia, tocando en el Palau. Me lo presentó mi amiga María Mircheva, cellista búlgara y vieja conocida suya. Recuerdo su enorme vitalidad, una luz especial en los ojos una vez finalizado el concierto. Soltó por un momento su cello y lo apoyó contra su cuerpo para estrechar mi mano con su mano derecha. Por unos instantes, la música, el arte, se hizo tangible y yo pude tocarlo.

Inefable momento. Lo recordaré siempre.


Gladiator


Tema principal de la película Gladiator. Una maravilla.