viernes, 9 de septiembre de 2011

Bautismo de buceo.

Feliz "Bautismo de Buceo" de una aspirante a sirena.
Cabo San Martín (Jávea)
3 de septiembre 2011

"Yo te bautizo
en el nombre de Glauka,
de Nereo,
y de todas las maravillosas criaturas oceánicas
que pueblan los mares del mundo...


... y te condeno a vagar por la tierra hasta el fin de tus días
y a no olvidar mientras vivas
la paz infinita
y la belleza inefable
de mi inmenso reino.
Amén."



José Luis Sampedro
"La Vieja Sirena"


Aquella sirena era diferente de sus hermanas, las inmortales hijas de Nereo. Ya era único su cabello, no precisamente de un rojo coral, sino del suave dorado de las escamas en algunos peces, ni rubio ni oscuro como en las demás. Y, sobre todo, su comportamiento era extraño, pues se cansaba de entretenerse como ellas, observando los pulpos, admirando las actinias o los cangrejos ermitaños, jugando con los peces, moviéndose entre las algas para sentirse acariciada por las ramas flexuosas. Se interesaba en cambio por objetos que a sus hermanas les parecían ajenos y, sobre todo, permanecía largos ratos inmóvil, sin emitir ningún pensamiento que ellas pudieran captar mentalmente, pues las sirenas no necesitan articular un lenguaje. Todo eso era tan anómalo que a veces les parecía a las nereidas de otra especíe y, si no pensaban que estuviera enferma, es porque tal idea es ajena al mundo de los inmortales.


(Cap.11, “La revelación.”)



-Fui sirena- pronuncia temerosa junto a la oreja adorada- ... ¿Me oyes? Fui sirena. No puede callarlo. ¡Es la vida que está viviendo! Imposible no gritarla. Ahram vuelve la cabeza sobre la almohada ¡Qué cerca le quedan esos ojos glaucos, ahora claros y profundos! -Necesito que lo sepas, darte todo lo que soy... Sirena de verdad, en la mar, con mi cola de pez... Luego me hice mujer – concluye con un suspiro. Ya está, es irremediable. ¿Ha hecho bien? Trata de interpretar la expresión de ese rostro, a contraluz. El hombre al principio sólo había recogido en su oído la miel de la voz. Ahora ha captado el sentido y reacciona en tono alerta, incrédulo. -¿Cómo has dicho? Aún podría ella echarlo a broma. Pero ni se le ocurre. -En ti, todo es posible... Tenía que ser así. Ella teme que él lo tome todavía en sentido figurado. Insiste, aporta detalles: el tiburón y las morenas respetándola, su marca a fuego y sus cicatrices desapareciendo, sus aciertos en la mar, sus resistencia bajo el agua... -¿Por qué dejaste de serlo? ¿Te castigaron los dioses? -¡No, se lo pedí a Afrodita y me lo concedió! Conocí a los hombres viéndoles coger coral, supe cómo eran, descubrí que ellos vivían, vivían más que yo, y preferí ser mujer... -Te creo. Sólo siendo inmortal, siendo una diosa, podías darme lo que me has dado. -No es por ser diosa; dejé de serlo –se distancia ella un poco, empeñada en ser comprendida-. Al contrario, te di tanto por ser mujer. Los dioses no viven; sólo existen. Y yo quería vivir, y en ti estoy viva.

(Cap.12, “Vivir en el tiempo.”)