¡Ay qué nadar de alma es este mar!
¡Qué bracear de náufrago
y qué hundirse
y hacerse a flote
y otra vez hundirse!
¡Ay qué mar sin riberas ni horizonte,
ni barco que esperar!
Y qué agarrarse
a esta blanda tiniebla,
a este vacío
que da vueltas y vueltas...
A esta agua negra
que se resbala entre los dedos...
¡Qué tragar sal y muerte
en esta ausencia infinita de ti!

