COLEGIOLA DEVESA
Este curso, por fin, hemos conseguido una relativa conciliación de la vida laboral y familiar. Marina se viene conmigo al cole. Y eso ha cambiado mucho las cosas. Las prisas de la mañana, siempre tirando del brazo de la pobre Marina, que tarda un buen rato en despertarse del todo, se compensan con la tranquilidad de tenerla todo el día a un tramo de escalera.Y es muy gracioso ver lo orgullosa que ella está de que yo ande por los pasillos, entrando y saliendo de las clases y los patios con total libertad. Se siente privilegiada al comprobar que las otras mamás no están allí, como la suya. Cada vez que voy a verla a la hora del recreo, en cuanto me doy la vuelta para irme, les dice desafiante a sus colegas: "Esa es MI mamá; no es vuestra mamá". O bien :"¿Sabes qué? Mi mamá es mamá y seño. ¡Hala, hala y hala!". Al principio hacía pucheritos cuando sonaba el timbre y yo tenía que volverme a mi clase, con mis alumnos. Ahora apenas se acerca, me da un beso rápido y corre a seguir jugando, como si le faltara tiempo. Una de las mayores novedades para ella: el valenciano. Todos los días aprende algo nuevo, aunque no tiene muy claro si es alemán, inglés o eso que los niños hablan en Carlet, y que ella hasta ahora había oído tan poco: eso de "A dinaaar!" o lo de "una mes i prou" que ahora ha pasado a utilizar en casa a diario.
Ya veis en las fotos que estamos en pleno campo. Eso es impagable para quien, como nosotros, vive en una gran ciudad llena de ruidos y humos.
Creo que Marina es feliz en su nuevo cole. Y su mamá también. Y lo somos juntas, cada mañana. Lo hemos conseguido.













































